¿Qué es un concurso de acreedores?

El concurso voluntario de acreedores es un sistema de protección que el deudor puede utilizar cuando, ante una pluralidad de acreedores, no puede hacer frente al cumplimiento de sus obligaciones con todos ellos.

El concurso voluntario de acreedores ¿es una opción?

Cuando se dan los presupuestos para el concurso acreedores, muchas veces el empresario duda sobre si es conveniente o no su presentación. Lo que mucha gente ignora es que en estas situaciones el concurso voluntario no es una opción, sino que es una obligación que el deudor tiene que cumplir.

¿Qué pasa si no presento el concurso de acreedores?

Además de no poder disfrutar de los beneficios que ofrece el proceso concursal, si no se presenta el concurso de acreedores en el plazo que marca la ley (dos meses), el concurso podría ser calificado culpable y los administradores podrían ser condenados a indemnizar a los acreedores con su patrimonio personal, así como a la inhabilitación para el ejercicio profesional por un plazo de entre dos y quince años. En la actual coyuntura económica, las situaciones de crisis empresarial se están generalizando, y en ocasiones los administrados de las sociedades que se encuentran en una situación de insolvencia actual o inminente, no adoptan las medidas legales necesarias (y obligatorias), para solventar la situación de su empresa.

La normativa vigente establecen de forma clara que para los casos de insolvencia, los administradores de las sociedades tienen que adoptar medidas que permitan restablecer el equilibrio patrimonial (mediante una ampliación de capital social por ejemplo), o acudir a los procedimientos legalmente habilitados para, o bien disolver y liquidar la sociedad, o promover el concurso voluntario de acreedores.

En última instancia lo que la Ley pretende en estos casos es salvaguardar los intereses de los acreedores, bien mediante la adopción de medidas que permitan sanear la compañía, bien mediante una liquidación ordenada de los activos sociales para el pago de acreedores. O bien acudir al procedimiento concursal para intentar llegar a un acuerdo con sus acreedores y reflotar la empresa tras un paréntesis de tiempo.

Lo que no es admisible desde un punto de vista jurídico, es abandonar a su suerte a la sociedad y a todos los acreedores. Las leyes son claras a la hora de exigir la responsabilidad de los administradores por falta de diligencia o dejadez en sus funciones.

De esta manera si su empresa se encuentra en alguna de las situaciones anteriormente descritas, o prevé que pueda estarlo dentro de un breve periodo de tiempo, deberá adoptar las medidas legales oportunas y actuar de forma diligente, con la finalidad de poder cumplir la Ley, intentar satisfacer los créditos de sus acreedores, y salvar su responsabilidad personal por las deudas sociales.